Canción de Navidad
El libro más bello que existe sobre la verdadera Navidad lo escribió Dickens.


¿Y si la Navidad de verdad sirviese para algo? ¿Y si fuese algo más que una sucesión de días de embotamiento, socialización forzada y cháchara vacía? ¿Hay una Navidad que no sea el disparo asesino del Cortilandia, la abuela renqueando por el pasillo con la bandeja de turrones, tu cuñado culpando a Putin de la decadencia de Occidente, ese silencio terrible que nadie nombra? Pues Dickens, que era un punky, se propuso esta difícil empresa en Canción de Navidad; cargó las tintas contra la religión institucional, la moral puritana, la caridad fría y burocrática y los ritos vaciados de sentido profundo. Canción de Navidad es, entre otras cosas, un manifiesto en contra del individualismo económico del capitalismo victoriano que reducía la vida humana a cifras, productividad y utilidad social, justificando así, a través de la racionalidad, la crueldad hacia los pobres, los niños, las mujeres, los débiles.
Dickens era un grandísimo escritor y un punky con motivos, no como tu prima la que va a pasear sus tachuelas por el Viña Rock, porque tuvo una vida de putísima pena: conoció de primera mano la precariedad, la humillación y el miedo que acompañan a la pobreza, tuvo que empezar a trabajar a los doce años en una fábrica de betún mientras su padre estaba encarcelado por deudas, imagínate. No, no te lo puedes imaginar porque la mayoría de nosotros no tenemos ninguna noción de lo que es la vida. El tipo después se puso a trabajar como una animal -de lo que tampoco sabemos mucho- como pasante en un despacho de abogados, taquígrafo parlamentario, y como periodista pateándose Londres de arriba a abajo, y escuchando, mirando, anotando y aprendió cómo funcionaban los engranajes del poder, de la ley, del dinero y de la hipocresía respetable. Y entonces decidió ponerse a escribir. Escribió sobre todo para que los niños pobres dejaran de ser invisibles, para que la miseria dejara de ser una abstracción estadística, y para denunciar la religión como coartada moral, para proponer un cristianismo ligado de la responsabilidad social y el cuidado efectivo de los más vulnerables.
Hoy dices cristianismo y te tiran cuatro piedras, entiendo que la palabra llega cargada de historia, de abusos, de moralismos y de una institución que muchas veces ha traicionado aquello que decía custodiar, sin embargo, el cristianismo encarnado que propone la lectura de esta obra es, última instancia, una defensa del amor como principio ético y relacional.
Pongo aquí una frase larguísima de Jung que va a ocupar demasiado espacio, pero que merece la pena leer que tengo ganas de relacionarla con Dickens:
“Vivir huyendo de sí mismo es una cosa amarga, y vivir con uno mismo requiere una serie de virtudes cristianas que en este caso hay que aplicar a uno mismo, a saber: la paciencia, el amor, la fe, la esperanza y la humildad. Ciertamente, es una gran cosa alegrar al prójimo con ello, pero con facilidad el demonio del autorreflejo nos golpea amistosamente la espalda diciendo: «iBien hecho!». Y puesto que ésta es una gran verdad psicológica, tiene que volverse lo opuesto para la misma cantidad de personas, a fin de que el diablo tenga algo que reprender. ¿Se es feliz cuando hay que aplicarse a sí mismo estas virtudes? ¿Cuando soy yo el receptor de mi propio donativo, es decir, cuando soy yo el más pequeño entre todos mis hermanos, a quien debería prestar cobijo?
¿Y si tuviese que reconocer que es a mí mismo a quien hacen falta mi paciencia, mi amor, mi fe y hasta mi humildad? ¿Y si yo soy el demonio de mí mismo, el adversario, que siempre y en todas las cosas quiere lo opuesto? ¿Puede uno realmente soportarse a sí mismo? No se debe hacer al otro lo que uno no se haría a sí mismo. Esto vale tanto para lo malo como para lo bueno.”
Pooooorque Canción de Navidad va más allá de una ética de la caridad o del deber hacia el otro. Propone que la capacidad de amar está vinculada a una reconciliación previa con uno mismo. El proceso de transformación de Scrooge no se inicia en la compasión externa, sino en el reconocimiento de su propia herida, de la pérdida y del endurecimiento afectivo que lo han aislado.
Resulta que, al contrario de lo que pretende una deriva cultural extraña —obsesionada con la positividad, la higiene emocional y eludir el conflicto- las obras dolorosas, escritas desde la herida, no solo no dañan, sino que acompañan, por tanto hacen una función benéfica importantísima y sin la que la humanidad caería al fondo del pozo. Esta obra es un monumento a esa herida, a la pérdida y el dolor, vamos, todo lo que no puede estar más denostado en esta sociedad nuestra. Dickens nos invita a obliga a mirar el fondo, a no perder jamás la memoria de la pérdida, ni ignorar nuestra herida y nuestro dolor, que es, al contrario de lo que suele pensarse, lo qué más fuerza nos da si sabemos usarlo a nuestro favor. Huir del dolor no es protegerse, sino renunciar a la potencia transformadora que este contiene, huir del dolor es despreciar la mayor fuerza de la que disponemos en la vida.
Así que esta Navidad pon el árbol, enciende las luces, llama a la abuela, pero en algún momento, siéntate con tu hijo, abraza la infancia breve que respira a tu lado, y deja que pasen los fantasmas del tiempo, uno a uno, con todas tus miserias y resistencias, con la niña o el niño que fuiste, tic, tac, pasado, presente, futuro, y escucha su palabra como la de un Dios que te llama.
Es probable que cuando acabes el libro se dispare en ti una urgencia por vivir. Tendrás razón: todo es urgente puesto que vamos a morir. Nuestro tiempo es muy poco, lo ignoramos a cada paso, pero un dolor de fondo nos acompaña siempre. Entonces te vendrán muchas ganas salir a la calle, de vivir muchos años y hacer muchas cosas, de amar mejor, ser mejor, ser más, dar más. Si te paras a pensar un momento, eso que Dickens nos dejó por escrito es la verdadera magia. Después de este libro te extrañará que haya gente que no crea en los milagros.


Me encantó el texto! También amo Dickens y el libro de navidad amoo. Lo leo cada diciembre. Ya viste la película El hombre que inventó la Navidad? Esta en disney.